Al llegar allí los nervios se harían reales, estaba a un paso de tener un pequeño creciendo dentro de mi, esa primera experiencia y primer embarazo serían robados de mis manos, no lo disfrutaría y no lo vería crecer más allá de nueve meses de embarazo.
Quizás no había pensado en el daño psicológico que podía dejar, y el apego que probablemente sentiría por él, estaría allí, día y noche, escuchando mi voz, escuchando mi forma de ser y muriendo por salir de allí.
Era justo pensar que quizás nunca le vería mover sus manitas, jugar con sus manos y mucho menos reír, el hecho de que aquel bebé fuese...