Es el pelirrojo quien rompe el hielo, y con una risa nerviosa, le arrima la silla para que esta se siente, y luego alza la mano para llamar al mesero.
—¿Comiste?
—La verdad no... —Eva responde, y se muerde el labio con disimulo.
Él se siente intimidado, pero le preocupa ver que ella tiene puntos en su frente y una pequeña cinta que se deja ver debajo de ese gorro pastel.
—Ah, entonces, dos almuerzos e... ¿que nos sorprendan? —cuestiona a Eva, y esta recostando el mentón de su propia mano asiente hacia al mesero.
Dexter sonríe de nuevo. Tiene las mejillas rojas. Eso le conmueve a la castaña, pues...