Magnus Keller se acerca a la castaña cuando ve a su esposa irse al baño antes de que todos vayan al yate.
No había tenido la oportunidad de estar a solas con la chica en todas estas horas tan asfixiantemente satisfactorias, y le emociona; le mueve algo por dentro más allá del erotismo, ver cómo ella en este instante le sonríe con timidez.
—¿Haz disfrutado? —cuestiona con suavidad.
La chica asiente, y este nota su sonrojo, sus labios secos y la pequeña vena de su cuello que se tensa con los nervios. La está conociendo, poco a poco, y estas pequeñas cosas lo deleitan.
—Jamás pensé que terminaría en una...