—Quizás no les dijimos a la hermana que íbamos a salir, y ella se enojó. Tal vez solo necesite una compensación —dijo Ana, acariciando la mano de mamá en un intento de consolarla.
—Mi querida Ana es la mejor, obediente, a diferencia de esa salvaje. ¿Cómo podría compensarla, es suficiente que no la haga pasar toda la noche de rodillas. Olvidemos eso; Ana, ven a ver las fotos que mamá te tomó, ¿te gustan?— Mamá abrazaba a mi hermana, disfrutando de las fotos, mientras me ignoraba por completo.
Escuchar la reprimenda de mamá, a pesar de que ya había muerto, me hacía sentir una punzada de amargura. No entendía por...