Narra Helen.
Estaba acostada, pensando en lo cruel que era la vida. Mis hijos eran lo más importante en mi vida, y entonces estaban pasando quién sabe qué. Me sentía abrumada, desesperada. Miraba hacia la ventana que daba al balcón; había comenzado a rayar el alba.
Segundos después me senté en la cama, Soledad y Margarita estaban cada una en un sillón dormidas, seguramente cansadas por cuidarme toda la noche. Me levanté temblando del frío y me asomé al balcón. Mis senos estaban hinchados por la retención de leche materna; así que comencé a llorar, ¿cómo una persona podía ser tan cruel y quitarle a una madre a sus hijos?...