Seattle.
Empresas Dixon.
Desde la calma que manifiesta en este instante, Albert piensa detenidamente en Leah. El Juicio le susurra con seguridad, que se detenga y se olvide de ella por completo, sin embargo, la irracionalidad lo frena, por lo que esos múltiples murmullos hacen meollo en su cabeza. Súbitamente ingresa Leah a su oficina al no hallar a Derek en la suya.
—Buen día Albert—saluda Leah con su hijo en brazos.
—¡Leah! —exclama Albert con grácil asombro.
—Disculpa que te interrumpa, es que Derek no está en su oficina, ni su secretaria.
—No interrumpes al contrario es bueno verte, pasa. Derek está en una reunión muy importante y su...