A la mañana siguiente, en la habitación de Derek...
—¡Oh por Dios, Derek! —se despierta precipitadamente Leah y se toca, cayendo en cuenta que durmió en la cama de Derek.
—¿Qué ocurre? —musita Derek entre dormido.
—Dormimos juntos.
—¿Qué cosa? —se levanta precipitadamente Derek.
—Seguro fue el cansancio que nos venció, amanecí con la misma ropa puesta—insinúa Leah sin malicia y Derek lo toma a mal.
—¿Por quién me tomas Leah, jamás haría nada que te lastimará?
—Tranquilo Derek sólo me asusté, fue un extraño despertar, ya pasó. Voy a mi habitación para cambiarme.
—Espera Leah, hoy es nuestro último día en Miami. Así que, vamos aprovecharlo al máximo—expone sacando a relucir su espíritu aventurero.
—Lo sé, me daré prisa, estaré lista para despedirnos del mar de Miami—sale velozmente del cuarto de Derek y él queda muy sonriente en el suyo, tuvo al lado a una hermosa mujer y no sintió absolutamente nada, dándose cuenta que el recuerdo de Savannah sigue intacto. Enseguida llama a su cuidador, para que lo ayude a darse una ducha.
*****
En su habitación Leah, da vueltas de un lugar a otro, al contrario de Derek, ella sintió muy extraño todo.
«¡Oh Dios dormí con Derek!, fue una osadía de mi parte, si fuese otro hombre seguro no estuviera contándolo. Pero, es Derek un hombre bueno y por lo visto muy respetuoso». Se dice Leah, para sí misma, advirtiéndose lo que considera una falla. Se levanta rápidamente de la cama y se interna en el baño, para darse una ducha veloz.
Mientras el agua cae por todo su cuerpo, comienza a recordar todo lo vivido hasta ahora con Derek, desde principio cuando no se soportaban y ahora que se la llevan de maravilla, jamás imaginó tener tanta empatía con el joven, al que algunas veces llamó paralítico.
Al salir de la ducha, suena el teléfono de la habitación, enseguida contesta:
—¿Estás lista?
—En unos minutos, me visto y nos vemos fuera.
—Está bien date prisa, no debemos perder tiempo. Hoy es nuestro último día en la playa.
—Ya salgo—responde la bella Leah sonriendo.
*****
Oregón.
La iglesia del padre Matt.
—¿Cómo le está yendo a los muchachos Brandon?
—Muy bien, ayer conversé con Derek y se están divirtiendo de lo lindo.
—¿Acaso quieres convencerme, que ese matrimonio fue un gran acierto?
—Ya no empecemos Matt, que estoy de muy buen humor—señala el tío Brandon muy sonriente.
—Claro si te saliste con la tuya.
—No entiendo, porque te empeñas en hacer una tormenta, en un vaso de agua Matt, relájate.
—Bueno tienes razón, les daré el beneficio de la duda a la pareja y rezaré por ellos, para que se enamoren y tengan un matrimonio, como debe de ser.
—Ya verás que sí, en menos que lo que canta un gallo, ese par me harán abuelo—lo mira el padre con grácil confusión. Musitando:
—Claro Brandon—se queda el padre, inmediatamente muy pensativo de la nada.
—¿Qué ocurre Matt? Llevo tiempo notándote muy raro.
—Es imaginación tuya, estoy algo nervioso seguramente, es por todo lo que, le acontece a mi pobre ahijado—disimula velozmente Matt con astucia.
—Serénate que, todo estará bien, para nuestro muchacho.
—Hablando de otra cosa, cuándo vendrá la institutriz, para refinar a Leah, a esa chica le urgen las clases de modales. Es demasiado imprudente y atolondrada.
—Ya está semana seguro, llega la maestra de Leah, eso está resuelto Matt.
—Esperamos que todo salga bien, no tenemos de otra.
¿Qué ocultará el padre Matt? ¿Por qué se puso de la nada algo nervioso?
*****
Miami, Florida.
En la playa…
Leah introduce sus pies, en la humedecida arena del mar, ambos están en la orilla disfrutando del panorama.
—¿Te gusta la montaña Leah? Podemos ir a Alaska.
—Estás loco Derek.
—Solo quiero, que nos divertirnos juntos. Mientras este matrimonio dure.
—¿Piensas dejarme? —se asombra Leah y se acerca a él.
—No Leah, pero tampoco te ataré a mí, ya te lo dije.
—Yo no estoy contigo por obligación. Creo que en el fondo tu si, estás conmigo por lastima—agacha la inofensiva Leah la mirada.
—No cariño, no digas eso.
—Siempre hablas de separarnos, entre cosas que todavía no comprendo. Yo escuche, que tuviste una novia a quien amaste mucho.
—¿Oías por las paredes Leah? —busca Derek de persuadirla.
—No me confundas Derek, ¿aun la quieres, es eso?
—No quiero hablar de mi pasado.
—Ahora entiendo, cuando me dijiste que enamorase, a veces resulta doloroso.
—Mejor cambiemos de tema. Y hablemos de lo que, será nuestra vida juntos de ahora en adelante.
—Me confundes mucho y no quiero vivir así atormentada—se muestra Leah esquiva.
—Perdóname Leah.
—Yo realmente, no sé qué espero de la vida, pero por lo pronto, ser tu esposa es mi prioridad.
—Cariño, eres tan inocente y eso me conmueve—la toma por el rostro y mira, sus hermosos ojos muy de cerca.
—Sabes jamás imagine, que me casaría con un hombre millonario, quiero que te quede clara una cosa, que no estoy contigo por tu dinero.
—Ya me lo has dicho Leah.
—Te lo diré las veces que sean necesarias.
—Jamás desconfiaría de ti, si no matas ni a una mosca.
—Ja, ja, ja—sonríe inmediatamente Leah, olvidando un poco sus inquietudes—recuerdas Derek, como nos llevábamos al principio.
—Claro, eras experta en hacerme enojar, en esa tenías una maestría.
—Ja, ja, ja, lo siento. Pero, tu tampoco me te quedabas atrás.
—Si querida, lo sé hasta te dije mugrosa, en un momento de rabia. Lo lamento Leah, jamás volverá a ocurrir.
—Vaya que, si te pasaste ese día. Yo también prometo, no decirte nunca más paralítico.
—Eso espero, porque si no te llenaré de hormigueos—comienza Derek, hacerle cosquillas a la dulce Leah y ésta se carcajea rápidamente.
—Basta Derek—protesta Leah, carcajeándose desmesuradamente.
Juntos se dan una tregua, en medio de tantos desórdenes que los aqueja, en un matrimonio por contrato, donde el amor se pone en juego y puede, que alguno de los dos, pueda salir severamente lastimado.
—¿Dime vamos a Alaska entonces? —pregunta Derek a Leah.
—Si porque no.
—Perfecto ese será nuestro próximo destino.
—También quiero ir a Europa a conocer una torre inclinada—hace el gesto Leah, de cómo se ladea la torre.
—Seguramente la torre de pisa, queda en la bella Italia.
—Y también la otra torre, ¿Cómo se llama? —busca Leah en su mente el destino turístico.
—Torre Eiffel.
—Esa misma, se ve muy hermosa en las fotografías. Vi esos lugares, en los libros que tienes en tu biblioteca.
—Al menos sabes leer—señala Derek con gracia.
—No te burles Derek, el padre Matt me enseño tonto—le saca la lengua.
—Te sonrojas cuando te enojas.
—Un poco—sonríe Leah, haciéndosele unos hoyitos en sus mejillas.
¿Puede el amor tocar repentinamente sus tiernos corazones?