Lo que no esperaba era que Espiridión perdiera la cabeza. Entró en la empresa con un cuchillo en mano y tomó a Esmeralda como rehén.
—Si lo que quieres es dinero, te lo daré —dije, intentando calmarlo, temiendo que un solo movimiento en falso pudiera herir a Esmeralda.
Espiridión se echó a reír, con un tono de locura en su voz:
—No quiero dinero, ya estoy acabado.
Resulta que Manuela, negándose a cargar con toda la culpa, también lo había delatado. Con los registros de sus transacciones, los accionistas exigieron que Espiridión devolviera el dinero. Al final, tuvo que vender sus acciones para pagar las deudas, y su empresa fue...