Raúl fue ingresado en el hospital. Cuando Espiridión me arrastró hacia el borde del edificio, Raúl corrió hacia nosotros y logró sujetarme, pero en el proceso, se dislocó el brazo. Me quedé en el hospital para cuidar de él y, de paso, recuperarme de mis propias heridas.
Afuera, el ruido era ensordecedor. Me acerqué a la ventana y vi cómo subían a Espiridión, sentado en una silla de ruedas, a un coche de policía. No murió en la caída desde el quinto piso, pero sufrió fracturas graves en ambas piernas y su columna vertebral quedó dañada; de ahora en adelante, dependerá de una silla de ruedas para moverse.
Él también...