Las violetas no son tan azules
Abril
Suspiré profundamente mientras yacía en la cama.
Llevaba lo que parecía una hora mirando el techo, incapaz de dormir.
Rose no me hablaba desde que dejé a Luciano, pero no tenía otra opción.
Él no puede involucrarse en todo esto. Si resultaba herido por mi culpa, jamás me lo perdonaría.
—Rose. —la llamé a través del vínculo mental, deseando algo de compañía.
No hubo respuesta.
—Rose. —la llamé de nuevo, soltando un gruñido. —Estás actuando como una niña.
—¿Yo? ¿Una niña? ¡Eres tú la estúpida! —me respondió bruscamente. —¿Cómo pudiste dejar a tu compañero e irte?
¡Él iba a estar a nuestro lado...