Casa
—Abril, no tienes que hacer esto. Podrías lastimarte. —Gabrielle suplicó mientras preparaba mis armas.
—No te preocupes por mí, Gabrielle. —La tranquilicé. —Solo reza por mí, ¿sí? —dije con una pequeña sonrisa.
Un par de lágrimas escaparon de sus ojos mientras daba un paso hacia mí para abrazarme.
La envolví en un abrazo reconfortante.
—Voy a traer a tu madre y al resto de vuelta. Te lo prometo, Gabby. —Le hablé suavemente, a lo que ella solo asintió y se sonó la nariz.
Nos separamos justo cuando Hugo entró en la habitación.
—Te conseguí una mochila y la llené con lo que podrías necesitar. Incluso agregué dos botellas de...