—No, estoy muy apenada contigo, Tiziano. De verdad lo siento mucho —confesó ella con lágrimas en los ojos, y para su sorpresa el italiano se inclinó y acarició su frente.
—Estoy tan estresado últimamente que perdí el control y te dije cosas que nunca debí expresar, y eso estuvo mal. Te pido disculpas.
—También me refiero a tu traje. Qué vergüenza.
—Es solo eso, un traje. ¿Te sientes mejor?
La verdad es que se sentía un poco débil, pero al menos había despertado y ya no tenía mareo dominando su cuerpo.
—Creo que sí.
—De todas maneras, el médico prometió venir con los resultados de los exámenes que te realizaron....