Como si fuera el fuego, se había separado rápidamente y ya sé disculpaba de nuevo por invadir su espacio. Aunque solo había querido averiguar cómo se encontraba su mano, que no era un juego y debía tomarselo en serio.
—Estaré bien, son pequeñeces.
—¿Cómo puedes... —no terminó de hablar porque pensaba que era inapropiado expresar eso —. Deja que cuide de lo que llamas pequeñeces. Deja que lo haga, después de todo es lo menos qué puedo hacer por ti, para agradecer lo que has hecho por mí.
Paul estaba de nuevo por negar pero al verla a los ojos, se dio cuenta de que Valeria tan solo quería enmendar...