La comodidad y el calor de mi cama no fueron suficientes para descansar. No pude cerrar los ojos y evitar que mi cerebro siguiera pensando en exceso. A veces las personas no están destinadas a ser salvadas. Las palabras de Zayn están grabadas en mi cerebro como un tatuaje. Permanente y en ocasiones lamentable.
Suspiré con fuerza y me puse de espaldas, mirando al techo. La luz de la luna iluminaba el dormitorio, mis ojos se habían adaptado a la falta de luz. A veces pienso que la vida no merece la pena. Lo mismo de siempre cada día. Me pregunto por qué Dios hizo que otros tuvieran más suerte...