Al ver a esa mujer que se presentaba tan valerosa y temeraria, no pude evitar reír a carcajadas.
Di un par de pasos hacia adelante, me planté frente a ella, levanté la mano y le di unas ligeras palmadas en la cara; a la tercera, Alphonso me agarró la muñeca.
—Valentia, no te pases de la raya —Alphonso estaba claramente advirtiéndome, sus ojos emanaban una ferocidad que me hizo fruncir el ceño.
Miré a Rogelio, preguntándole inocentemente:
—¿Me estoy pasando?
Rogelio negó con la cabeza:
—Claro que no. Ella es la que te quitó a tu hombre.
Porque yo soy la verdadera víctima aquí. Primero está mi prometido, con quien...