—Valentia, ¿estás bien? —La voz del hombre frente a mí estaba llena de preocupación, y su mirada reflejaba una profunda inquietud mientras me sostenía con cuidado.
Yo, en un estado de shock, hundí mi cabeza en su pecho, sin querer hablar ni responder. Sentía como si el mundo entero me hubiera abandonado.
Las repetidas traiciones y desconfianzas habían sembrado dudas en mi fe hacia él.
—¿Soy solo una pieza más en tu tablero de ajedrez? —Mi voz salió apagada desde su abrazo.
Alphonso se detuvo, bajando la cabeza para rozar su frente contra la mía con suavidad.
—Cuando descanses, te lo explicaré todo.
Cerré los ojos, y el aroma a...