Yo no podía apartar la vista de Eirik, eso que había soñado aún estaba muy presente, fue tan extraño. Él volteó a verme y se acercó a mí. Yo intenté alejarme, pero él me detuvo sosteniendo mi brazo con fuerza.
— ¿Estás bien? — me preguntó.
— Sí, solo quiero darme un baño — le mentí.
Él asintió con la cabeza y empezó a arrastrarme con él. Me resistí lo más que pude, pero era inútil; Eirik era enorme y podía pesar tres veces más que yo.
— Cerca hay un riachuelo, creo que te gustará — me dijo.
Yo me dejé llevar, pero siempre alerta. Si él trataba de...