Chapter 6 Calor

Chapter 6 Calor

Caminaron por el pasillo hasta llegar a una de las últimas puertas al fondo. Enzo la abrió y se adentraron a su interior. El lugar era elegante y lujoso. Estaba decorado con paneles de madera oscura y preciosos cuadros en las paredes. Había un gran escritorio de caoba en el centro de la habitación y una cómoda silla de cuero. En las estanterías de vidrio se encontraban libros sobre textiles y bonitas piezas de decoración hechas de hilos y telas.

Celine pudo intuir a qué se dedicaba él al ver esto. Sin embargo, por mucha curiosidad que tenía por querer preguntar decidió volver al tema principal.

—¿Cuáles son esas condiciones y beneficios? —quiso saber intrigada.

—Pagaré las deudas que tienes, o bueno, tu padrastro, pagaré todo en absoluto. Y además, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras. A cambio, sé mi esposa y finge ser el amor de mi vida —explicó Enzo con una seriedad que no dejaba lugar a dudas.

Aquellos términos resonaron en el interior de la joven, quien mantuvo la respiración por un momento, aturdida por el eco de esas palabras en su mente.

«...el amor de su vida». Repitió en su mente, tragando duro. La magnitud de la propuesta la dejó sin aliento, y por un instante, el tiempo pareció detenerse a su alrededor.

El par de orbes grisáceos de Enzo, marcados por la intensidad, seguían mirándola directamente a los ojos. Celine se vio atrapada por esa mirada, como si estuviera siendo analizada en lo más profundo de su ser.

¿Por qué de pronto había sentido un cosquilleo recorrer su piel al escuchar esas palabras? La confusión se apoderó de ella, mientras luchaba por comprender la extraña reacción que despertaba en su interior la propuesta de Enzo.

La tensión en la habitación era palpable, como si el destino mismo estuviera tejiendo sus hilos en torno a aquellos dos corazones destinados a encontrarse.

Enzo aclaró su garganta al percatarse del efecto que provocaba su mirada en ella. Celine, de pronto, se sintió nerviosa y confundida por esa extraña sensación en su interior.

¿Ser su esposa? ¿Significaba que pertenecería a él? El matrimonio nunca había cruzado su mente de esa manera, y nunca había esperado recibir una propuesta tan repentinamente. Pero era mejor que estar atada a su padrastro, ya que su futuro era incierto y necesitaba asegurarse de vivir la vida que su madre hubiese deseado para ella. Era la salida a todos sus problemas, aunque se tratase de un matrimonio falso.

Al menos, tendría a alguien a su lado y la seguridad de librarse de su padrastro para siempre. Él no podría hacerle daño si se casaba con Enzo.

En medio de todo ese caos, Enzo era como un ángel, su salvador.

Sin embargo, se preguntó qué pasaría si llegaría a acostumbrarse a su compañía. Peor aún, ¿y si terminaba enamorándose de él?

Sacudiendo esos pensamientos, volvió a la realidad. Sería tonto precipitarse a los hechos. Era capaz de manejar sus emociones y mantener sus sentimientos alejados.

—¿Qué me dices de las condiciones? —inquirió, mirándolo.

—Bueno, solo se trata de tres condiciones —comenzó a enumerar con los dedos—. En primer lugar, debemos respetar nuestro espacio individual. Soy una persona con limitada interacción social y prefiero mi propia compañía.

Celine asintió.

Era comprensible lo que decía, aún así, le resultó lejano, hermético y... ¿egoísta? Pero al mismo tiempo ese hombre le estaba dando una oportunidad única en la vida.

—De acuerdo, no tengo problema con eso. ¿Cuáles son las otras dos condiciones?

—En segundo lugar, no salir con nadie mientras estemos casados. Y en tercer lugar, no involucraremos sentimientos. Aunque temo que te será difícil cumplir con la última —su comentario hizo que Celine abriera la boca, estupefacta.

Una risa sarcástica escapó de los labios de Celine. No podía creer lo que escuchaba.

—¿Por qué sería difícil para mí? ¿Y qué hay de ti? ¿Acaso eres de acero? —cruzó los brazos sobre su pecho y lo miró con incredulidad.

—Me conozco lo suficiente como para estar seguro de que nunca me enamoraré de ti —dijo sin tapujos, causando que la joven se sintiera ofendida y rechazada de alguna manera.

Intentó no mostrar el impacto que sus palabras habían generado y se limitó a asentir con la cabeza, forzando una sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos.

—Bien, también me aseguraré de no hacerlo. Créeme, de mi parte no habrá sentimientos —se mostró segura, aunque en su interior sintió desilusión.

Pero no le daría el gusto de demostrarle que había herido su orgullo y decidió mantenerlo intacto.

—Entonces, ¿aceptas las condiciones? —preguntó Enzo.

—Sí, acepto. Pero agregaré dos condiciones más —dijo Celine, notando la intriga en la mirada de Enzo—. No dormiremos en la misma habitación, y mucho menos... umm, bueno...

Le costaba hablar de ese tema tan abiertamente, sobre todo cuando se trataba de un hombre que apenas conocía. Quizás para él era lo más normal, pero ella no estaba acostumbrada.

—¿Mucho menos...? —Enzo alzó una ceja, instándola a continuar.

—Eh, nosotros no... Esto, ya sabes, no podemos estar juntos de esa manera... —balbuceó nerviosa.

Enzo frunció el ceño, sin entender a qué se refería. Sin embargo, al darse cuenta de las mejillas sonrojadas de la joven, supo lo que intentaba decirle.

—Ya entiendo. Hablas de no tener intimidad ¿no? —pronunció Enzo, sonando despreocupado, y Celine asintió tímidamente—. Oh, no te preocupes. Jamás...

—Sí, ya entendí. Jamás estarías conmigo, lo dijiste hace unos minutos —interrumpió rápidamente Celine—. Y ¿sabes qué? Me alegra que así sea, porque esto es falso, por lo que involucrarnos sentimentalmente sería una locura. Me parece perfecto estar claros sobre eso y no malinterpretar nada.

Habló tan rápido que Enzo la miró confundido.

—De acuerdo, dado que has aceptado, solo me queda decir que ambos debemos cumplir con nuestra parte y no fallar. ¿Trato hecho? —extendió su mano hacia ella, como si estuviese cerrando un acuerdo de negocios.

Celine estrechó su mano, pero la soltó rápidamente al sentir una sensación eléctrica en su cuerpo.

¿Qué había sido eso?, se preguntó. Sin embargo, decidió restarle importancia.

—Trato hecho —repitió Celine dándole la mano.

Él despacio la miró. Entonces solo una palabra reapareció en sus pensamientos al sacudir su delicada mano. En medio de la ligereza, "intimidad" se convirtió en lo que jamás tendría con ella, al tiempo que aquel escenario prohibido se instaló en su cabeza.

Al darse cuenta se aclaró la garganta.

—Es todo, yo... tengo cosas por hacer.

Ella frunció el ceño. ¿Por qué parecía nervioso? y ella... ¿Por qué demonios sentía aquel sofocante calor?

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