La complicidad entre ambas era evidente, habían congeniado desde el principio a pesar del poco tiempo que llevaban conociéndose. A Celine le agradaba la compañía de Claudia, especialmente durante las noches en las que compartían lecturas en la biblioteca. Sin saberlo, la pelirroja había estado ayudando a Claudia a lidiar con su insomnio, ofreciéndole una distracción agradable en lugar de quedarse dando vueltas en la cama luchando por conciliar el sueño.
—Es muy amable señorita. Gracias —una sonrisa se extendió por todo su rostro, contenta de aquel regalo—. Oh, por cierto, ¿ya conoces a Jessica?
Claudia miró hacia la joven que había permanecido en silencio a su lado y Celine...