Horas más tarde, ambos se sentaron en el sofá, manteniendo una distancia prudente entre ellos. La joven tenía las manos apoyadas en sus piernas, intentando cubrir un poco su piel expuesta. No había tenido tiempo de cambiarse y, aunque se sentía incómoda, decidió concentrar su atención en cualquier rincón de la sala evitando el contacto visual con Enzo.
Él rascaba su cuello nerviosamente, sin saber muy bien cómo comenzar la conversación. Era consciente de la disculpa que le debía, por lo que decidió expresar sus sentimientos sinceramente.
—Siento mucho mis palabras, no era mi intención tratarte de esa manera. Estaba enojado y a veces no suelo cuidar mis palabras —confesó...