Al día siguiente, Celine y Enzo se encontraban en su despacho, acompañados por su abogado, Marcus, quien les había traído la documentación necesaria para llevar a cabo el proceso de disolver su matrimonio. Celine tomó el bolígrafo entre sus manos, con las emociones revoloteando en su interior, recordándose a sí misma que poner fin a la farsa que habían construido era lo correcto. Aunque no lamentaba nada de lo sucedido, sabía que deshacer el entramado de mentiras que habían tejido sería lo más honesto. De hecho, si no hubiera huido de su hogar y conocido a Enzo, no se habría enamorado de él.
Por su parte, Enzo estaba convencido de...