—Este vestido me ha estado volviendo loco desde que te vi usándolo —musitó Giovanni empujando la puerta de su habitación y entrando. Lo vio estirar la mano y tantear sobre la pared antes de encender la luz.
Él la apoyó sobre esa misma pared y colocó sus labios a la altura de sus clavículas. Los arrastró por cada porción de piel que estaba expuesta. Sus manos acariciaban con libertad sus piernas. Su vestido hacer rato se había enrollado hasta quedar a la altura de su cintura.
Su contacto le producía ondas de placer que viajaban por todo su cuerpo. El dolor entre sus piernas no hacía más que aumentar. Sus...