A Mia, el fin de semana le había parecido más largo de lo usual, se había dicho más de una vez que no tenía nada que ver con sus ganas de volver a ver el rostro gruñón de Giovanni, pero se rindió en algún momento. Mentirse nunca había sido de sus aficiones favoritas y no quería que lo fuera.
Después de pasar dos días con sus padres, viajó de regreso a su departamento. Su madre no dejó de decirle que podía quedarse algunos días más e ir desde allí al trabajo. No entendía ni porque lo intentaba cuando conocía que era difícil hacerle cambiar de opinión.
Al llegar a su...