Dylan me tomó de la mano y me jala para salir del despacho, intento zafarme de él, pero entre más lo intento más me estruja la mano. Percibo que está furioso y su rabia es palpable. ¡Control! Tengo que controlarme porque si no perderé la cabeza junto con él, no soportó que un hombre me controle y menos que sea tan posesivo. Salimos en un dos por tres de la casa.
—Eres demasiado manipulador.
Estoy segura de que su hermana se preguntará a dónde me fui. ¿Qué le diré? Es muy injusto todo lo que me está pasando, trato de alejarme del pecado y de las tentaciones, pero son ellos...