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—Ni creas que dejaré que estés con ese maldito —avanzo hasta estar a unos centímetros de ella, la empujo contra la puerta al ver que sus intenciones es salir de aquí.
Le sujeto la cara entre mis manos, retengo su cuerpo con mi peso. Acerco mi nariz a su suave cabello, aspiro fuertemente mientras la rabia y el deseo se combinaban en un coctel embriagador y explosivo. Sin pensarlo atrapo sus labios con los míos y nuestros dientes chocan, pero yo consigo profundizarlo más.
Mentalmente, doy un grito de triunfo al sentir que sus brazos trascienden entrelazándolo en mi cabello. Gruñe sobre mi boca, lo que me permite penetrar...