Él enarca una ceja sin comprender la indirecta más directa que le quiero dar entender.
Dylan sube dando zancadas por la pequeña plancha y me lleva a bordo. Llegamos a cubierta, en un lado hay una mesa y una banqueta. Echo un vistazo al interior de la cabina a través de las puertas de vidrio. Noto que la sombra de Dylan está a bordo y se va directamente al capitán del barco.
El tiempo ha pasado como un rayo de luz y ahora estamos a unos metros de mi destino. Desde las cinco de la mañana salimos de la increíble y soñadora playa, llevo conmigo la mágica imagen del apasionado...