Como toda una lunática me fui a encerrar al tocador de la cafetería, todo eso para no dar explicaciones de mi vida. No sé en qué momento mi fuerza de ser una mujer guerrillera se ha esfumado, ya que lo que acabo de tener es una escena de pánico.
Me detengo por un momento frente al gran espejo, me quedo perpleja al ver mi rostro demacrado de tanto llorar y no se diga del poco maquillaje que tenía en mi rostro. Niego con la cabeza desde que vi que más de una lágrima recorría por mi mejilla. Abro el grifo y con desesperación llevo el agua hacia mi rostro, tratando...