Traición-02
—Mira su espalda —me dice.
Miré hacia el trío y vi que Ambrocio había tomado su tercera forma, esa figura gigantesca y aterradora que había mostrado el día que fui a su facción del infierno.
Pero esta vez era diferente... ahora se veía aún más monstruoso que aquel día, y los dos tatuajes que solía tener en la espalda habían desaparecido por completo, como si nunca hubieran existido.
—Vamos, Vero —dice papá.
Me di la vuelta y lo vi sosteniendo un ala enorme entre sus manos, más precisamente, un ala de ángel gigante.
—Pensé que dijiste que solo tomaste una —lo acusé.
—Puede que haya arrancado la otra porque...