Luego de leer el testamento mis ojos no paran de llorar, Max me había heredado todo su fortuna y bienes, pero con eso no hacia anda, quería a mi esposo de vuelta y ni todo el dinero del mundo iba a regresármelo, lo amaba y lo amaría hasta la eternidad.
Comienzo a llorar desconsoladamente, sin darme vergüenza con los presentes, como no iba a llorar si me había arrancado el corazón, de repente se abre la puerta del despacho y la silueta de Marcelino con una gran sonrisa, la furia entra en mi cuerpo y me acerco a el dándole una sonora cachetada.
—Lograste lo que querías, eres un desgraciado,...