Aquella noche había sido maravillosa.
Henrick Godric miraba el hermoso rostro de Bernadette Baskerville mientras dormía después de su apasionada faena que los había dejado completamente agotados. Aquel sentimiento que lo embargaba, era tan fascinante como tan diferente a todo lo que antes había conocido. Un nuevo sentimiento había nacido en su alma, y aquel amor que siempre había sentido hacia aquella bella durmiente entre sus brazos, había crecido tanto como nunca hubiese crecido posible. Bernadette era suya, completamente suya, y lo seria por siempre. Acurrucando a la hermosa rubia en su pecho, Henrick sintió el calor de su piel desnuda rosando la suya.
—Mi sentimiento por ti…no lo cambiare...