Kiara se llena de pánico porque mencionan su nombre y ni siquiera puede ver quién es. Suelta la tela del vestido y este cae como cascadas sobre sus pies. Ella intenta cubrir sus ojos de la intensa luz del auto y no puede, aún así, ver nada. Sintiéndose acorralada, intenta huir, pero pisa la tela del vestido y eso la hace tambalear. La chica termina cayendo al suelo, lastimando sus rodillas. Llena de indignación por haberse caído y perder ventaja, solloza, y con sus ojos cristalinos ve unos zapatos muy finos de cuero color negro, bien pulidos.
—Por favor, no me haga daño... por favor— suplica.
—No quiero hacerle daño,...