Kiara se detiene, pero él le da algo, hasta que su frente empezó a sudar por el temor de ser descubierta. Tratando de tener una apariencia serena, se gira para mirar a su padre.
—¿Sí, padre?... —Pasa saliva y luego alza su mirada.
—Ven aquí —ordena Watson con autoridad, y ella se acerca, quedando frente a él.
Cuando de repente siente cómo coloca su mano derecha sobre su pequeño hombro.
—Hija… —Le sonríe, y ella puede ver la clara hipocresía de su padre—. Quiero que aproveches este tiempo para hablar y aprovecho que estamos a solas para pedirte disculpas por haberte golpeado.
—No te esfuerces, padre, en pedir una disculpa...