Cuándo salimos de casa, pensé que iríamos a un restaurante de la ciudad, pero mi sorpresa es que nos dirigimos al puerto, hasta cierto punto me empezó a descepcionar, es decir todo estaba tan solitario.
—Dejaremos el auto aquí, subiremos a un bote.
— ¿Un bote? Me mojare toda.
—Tranquila, puedes ponerte esto para mientras, así no mojaras tu vestido.
— ¿A dónde vamos?
—Es una sorpresa, ya lo verás.
Cómo no quería descepcionarme, me subí al bote, el anduvo navegando por algunos minutos, hasta que llegamos a un yate, ahí me ayudaron a subir, sino me hubiera puesto ese capote, me hubiera mojado bastante.
—Bienvenida a bordo al Perla...