Chapter 6 Luna de miel

Chapter 6 Luna de miel

Hanna Becker

Las Vegas

–No me digas – Él metió las manos en sus bolsillos como riéndose de mí – Apenas tenemos pocas horas de habernos casado y ya estás con tus exigencias.

–No son exigencias, yo tengo obligaciones allá – Le advertí – No puedo quedarme a perder el tiempo aquí.

–Sintiéndolo mucho, querida esposa – Se burló de mí – No me pienso ir hoy, porque Daniel y yo tenemos un compromiso esta noche y lo más que podemos hacer por ustedes dos, es invitarlas.

–Lo siento Devin, son muy amables al invitarnos – Agradeció Susan – Pero, la verdad, yo tampoco me puedo quedar, tengo que volver a mi trabajo el lunes.

Las dos, bueno, ella volvía a su trabajo y yo entraba a uno nuevo, no me podía dar el lujo de faltar a mi primer día de trabajo. Porque lo más probable era que al día siguiente no me permitieran la entrada y mucho trabajo que me costó conseguirlo.

–Muy bien, yo lo que diga Susan lo acepto con agrado – Sonreía Daniel – Buscaré boletos de primera clase para esta misma noche.

Devin, se dio la media vuelta y se metió a la recámara, visiblemente molesto, por lo que había propuesto su amigo Daniel. Daniel y Susan, por su parte, se fueron también a la recámara, pero a la de Daniel. Yo seguí a Devin, a la recámara para que pudiéramos hablar a solas.

–Lamento si te he frustrado tus planes de fiesta esta noche, amor – Le dije – Pero desgraciadamente para ti, desde anoche, tú tienes una obligación conmigo y no tengo la culpa que, tengas que volver a New York por haberte casado conmigo.

Él caminaba como león enjaulado por la recámara, jalándose los cabellos, incluso. Estaba loco de coraje, pero se veía increíblemente apuesto con su pelo revuelto y todo exasperado en carácter, me dieron ganas de besarlo, para que se le quitara la rabieta.

– ¿Sabes qué Hanna? Deberíamos ir a comprar a la farmacia una píldora del día siguiente y acabar con esto, así tú vuelves a New York y yo me quedo aquí en Las Vegas para ir a mi fiesta – Propuso él descaradamente – Lo siento, pero nada de esto estaba en mis planes.

Yo no me iba a exponer a tomar una de esas píldoras, que en mi vida había utilizado, pues no sabía cuánto daño causaría en mi cuerpo. Aparte ya habían pasado muchas horas, no sabía cómo funcionaban esas cosas.

–Tampoco estaba en los míos, que resultarás ser un patán desconsiderado – Bufé molesta – Nada que ver, con el chico guapísimo y sexi del bar de anoche y no tomaré nada, ningún medicamento solo porque mi esposo se quiere quedar a una fiesta. A menos claro, que no tengas palabra para respetar el trato en el que quedamos.

–Claro que la tengo y lo respetaré, yo lo veía como una salida para ambos. Así cada uno podía seguir con su vida.

Estaba consciente de eso, lo que pasaba era que mi cuerpo no lo iba a estar exponiendo y si resultaba que estaba embarazada, asumía la responsabilidad esperando que él también la asumiera.

–Y seguiremos con nuestra vida, mi amor – Lo pegué a la pared y lo besé intensamente.

El beso duró poco al principio y después al separarme de él, él me atrajo a sus brazos nuevamente para volvernos a besar, presos de la atracción que sentíamos desde la noche anterior, el uno por el otro. Después de ese intenso beso, nos soltamos al cabo de un momento, nos quedamos viendo a los ojos y luego él caminó para sentarse en la cama.

–Está bien Hanna, tú ganas. Esta noche volveremos a New York – Accedió – Pero estando allá, estableceremos unas reglas, que no pienses que seré de esos hombres que hacen la santa voluntad de sus esposas.

–No pienso nada Devin, solo pido lo justo y eso es que, respetes el trato al que llegamos. Es todo lo que quiero de ti.

–Está bien, entonces lo haremos así – Se dio por vencido – Ve arreglando tus cosas porque esta misma noche saldremos rumbo a New York.

Lo dicho por él me emocionó sobremanera, que volví a besarlo tumbándome encima de él sobre la cama. Nos besamos por mucho tiempo y supe entonces que a él le agradaban mis besos, a mí me enloquecían los suyos, pero su mal carácter ciertamente dejaba mucho que desear, después de un rato y cuando yo le iba a levantar la playera para quitársela, él me apartó para meterse a dar un baño.

–Lo siento, pero me quiero bañar. Traigo un dolor de cabeza espantoso y siento el cuerpo demasiado pegajoso – Me dijo poniéndose de pie – Pero alégrate de que mañana tendrás todo el día para arreglar lo que tengas que arreglar para tu nuevo trabajo.

–Gracias Devin, en serio significa mucho para mí – Le agradecí – Me costó mucho que me eligieran en ese empleo.

–Está bien Hanna, como dije antes accedí, está vez, pero no te acostumbres – Me miró con determinación – Y ya que estamos hablando como dos personas civilizadas, ¿En dónde entrarás a trabajar? Si no es indiscreción la pregunta, claro.

–Lo siento, pues dadas las circunstancias de nuestro “matrimonio” querido esposo, no puedo responder a eso – Lo dejaría con la duda – Como comprenderás, no puedo contarle todo a alguien, que desconoció y negó a su esposa a las pocas horas de contraer matrimonio.

–No tomes las cosas así, entiéndeme un poco lo que sentí al despertar y encontrarme contigo – Se quejó – Pero está bien yo, no voy a discutirlo. De cualquier modo, si ya eres mi esposa, el lunes me enteraré a dónde entrarás a trabajar.

–Así es mi amor – Me reí de su enojo – Son unas cuantas horas que, no te hará daño esperarlas para que te enteres del nuevo trabajo de tu esposa. Además, mínimo tendremos un mes para enterarnos de muchas cosas el uno del otro.

Devin estaba por decir algo, pero justo cuando iba a hacerlo, tocaron la puerta de nuestra recámara, esperamos para ver de quien se trataba.

– ¿Están presentables, los recién casados? – Era Daniel – No pretendo interrumpir nada, pero ya he reservado cuatro boletos en primera clase para salir esta noche a New York.

–Qué gracioso amigo – Respondió Devin – Muchas gracias, por hacer la reservación.

Ya estaba resuelto lo del viaje, aunque la cara de mi querido esposo, no demostraba nada de felicidad, le habíamos dañado sus planes de fiesta de sábado. Lo sentía en el alma, pero no iba a perder mi trabajo antes de comenzarlo.

–Por nada, sigan disfrutando de su luna de miel.

Devin estaba recogiendo sus cosas y se encaminó al cuarto de baño, yo estaba recogiendo mis pocas pertenencias y cuando él saliera de darse un baño, Susan y yo, tendríamos que pedirles a él y a Daniel que nos llevaran al hotel en el que estábamos hospedadas, para recoger nuestras pertenencias y entregar la habitación, antes de volar con de destino a New York.

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