Todo el personal del hospital sabía que Fabían y yo estábamos en proceso de divorcio. Y también sabían que él había comenzado a intentar reconquistarme de una manera muy ostentosa y dramática.
Sus compañeros de oficina le aconsejaron que lo dejara estar, que no me causara más molestias. Pero Fabían no quería escucharlos. Decía que no podía vivir sin mí.
Las chicas de mi departamento me aconsejaban que le diera otra oportunidad. Decían que Fabían era lo suficientemente bueno y se preocupaba mucho por mí. Aunque sus acciones pasadas habían sido inapropiadas, no eran un problema de principios. Me sugerían que considerara la posibilidad de reconciliarnos.
Yo sonreía y negaba...