-¡Nunca quise ser un Aller! ¡Maldito!- gritó rompiendo la carta en miles de pedazos y tirándola en el barro, donde se hundió rápidamente.
El frío de las gotas de lluvia hicieron temblar todo su cuerpo, aunque no estaba seguro si era por eso o por el shock que sentía en ese momento al saber que todos lo habían engañado todo este tiempo.
Su madre estaba viva en algún lado y su padre se había ido a la tumba con todos los secretos sin haberse preocupado nunca por decirle la verdad.
“Si no hubiese sido porque hoy vine aquí, me hubiese muerto sin saber que su madre está en algún lado”...