Ya se habían ido todos de la oficina, finalmente Helena se sintió segura y tranquila, sin todos esos ojos juzgando a lo lejos.
Tomó su bolso y se dispuso a volver a su casa, deseando que el día de hoy se acabara de una maldita vez. Pero al pasar por al lado de la gran oficina de su jefe se sorprendió de que la luz aún estaba encendida, se asomó curiosa y lo vio caminar de una punta hacia la otra, mirando hacia el ventanal con el teléfono en el oído.
-¡Pero te dije que no lo sé! Hace tan solo una semana tomé el puesto, ¡los movimientos contables del...