Mientras los días pasaban dentro del departamento, Helena supo que esa ilusión, ese momento íntimo y hasta mágico en el consultorio médico solo había sido eso, un instante de ensueño y nada más.
Luego de la ecografía Sebastián la depositó nuevamente en su nuevo hogar mientras él seguía con su vida fingiendo que nunca había pasado aquello.
Pasó una semana de profunda soledad Helena y comenzaba a sentir que iba a perder la cordura en cualquier momento.
Al principio creyó que estar aislada de las personas era lo que realmente necesitaba para comenzar a sanar. Pero nunca estuvo más equivocada.
El sonido del silencio del departamento hizo que su mente...