Las vacaciones de Luggina eran como siempre, llenas de aventuras y emociones ella y su familia tenían viajando por toda Sudamérica.
Su última semana sería en Moscú, las costas de Sochi, con un hermoso clima templado, con sus lagos y playas.
Así como sus pistas rojas y negras para esquiar en invierno.
— Papito yo quiero venir para aprender a esquiar. — Dijo muy convencida de que en las próximas vacaciones eso era lo que harían.
— Primero tendrás un entrenador, luego vendrás. — Vio la expresión de felicidad de su hija y era algo que no tenía precio.
Alessandro y Alexa caminaban por la playa. Mirando a sus padres...