—Melissa, estas joyas son realmente preciosas, puedes quedártelas ahora que eres parte de mi familia.
—Muchas gracias por considerarme con tanta importancia, es un regalo que apreciaré sin duda. —Lo abrazo y enseguida apareció uno de los mayordomos a llevárselo porque era la hora del tratamiento médico.
Melissa se quedó sola en el estudio contemplando las hermosas joyas y un rato más tarde apareció Michael para felicitarla por haberse ganado todo el corazón del abuelo:
—Siempre ha sido un viejo mezquino con sus joyas, sin embargo, no lo ha pensado dos veces para dártelas, eso demuestra lo mucho que te quiere.
Melissa sonrió y asintió, el abuelo era un hombre...