Ella quería creer que todo era una confusión, que la persona que estaba al frente de ella, perfectamente vestida, y con una sonrisa de oreja a oreja, no podía ser la esposa muerta de Andrea, de verdad lo quería creer, pero, al ver el semblante pálido de Andrea, Amber se dio cuenta de que era la difunta mujer que estuvo casada con el hombre que ella amaba, aquel hombre que había llegado a su vida de una manera casual, sencilla, y sobre todo sorpresiva, el dueño de sus primeras veces, el dueño de su alegría y… el padre del hijo que crecía en su vientre.
Amber estaba estática, sin poder...