El pie desnudo de Elizabeth Cord se movía como un péndulo al compás de su molestia. Leonel la había dejado embarcada una vez más.
Vestida de lencería de color rojo, se había quitado los tacones de aguja por el cansancio de esperar a su pareja, o al menos, al hombre con el cual ella había estado saliendo en los últimos tiempos.
Era una mujer paciente, pero no le gustaba sentirse tonta ni que se burlaran de su persona. Solía respirar profundo cada vez que el magnate Leonel Vos decidía por de ella, pero este embarque no lo dejaría pasar.
Marcó el número de teléfono en definidas ocasiones, ninguna fue contestada...