Damián respondió brevemente.
—bueno.
—Y no se le permite comer dulces ni chocolate.
—bueno.
—Y nada de helado.
—bueno.
—Y puse una bufanda en la bolsa de la guardería, así que si dices que hace frío, átasela.
—bueno.
—Y hasta que sea demasiado tarde…
—bueno.
—Ni siquiera escuchas…
Fue ese momento. Damián inclinó la cabeza y besó la mejilla de Avery.
La besó ligeramente y luego separó los labios.
Luego miró el rostro con los ojos muy abiertos de Avery y dijo.
—Si seguimos así, llegare tarde. Si tienes algo más que decir, envíame un mensaje de texto.
Mientras las mejillas de Avery se ponían rojas lentamente, Damián asintió hacia...