Cecilia y Susan estaban sentadas una al lado de la otra en el sofá de la sala, justo frente a ellas había té de hierbas aromáticas y postres recién horneado pero no tenían apetito. Las dos mujeres miraron a los guardias de seguridad que estaban parados a un lado de la sala de estar. Su apariencia era tan aterradora que no podían saber si era un guardaespaldas o un delincuente y su físico parecía duplicar su tamaño.
Era su segundo día encerradas en casa bajo la vigilancia y las órdenes de Damián. Para Susan que se enferma si no sale de compra ni siquiera durante un día nunca había un...