Ambos lobos notaron que no era mentira por su olor y que ella debía haber estado allí bastante tiempo. Y al parecer tampoco les mostraba miedo.
White escuchaba como ella tosía y se apretaba la capa alrededor de su cuerpo buscando más calor. Lo que era complicado ya que esta no era de una tela muy gruesa y se notaban los temblores de la pequeña. Algo dentro del alfa se removió y bajó la cabeza para acariciando la mejilla humana con su nariz. La piel se sintió realmente suave a pesar de lo fría que estaba.
Fue entonces que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y hasta él se asombró con su acción, pero, a su vez eso sacó una leve sonrisa por parte de la niña que con sus ojos llenos de lágrimas dejó se toser poco a poco tomando profundas bocanadas de aire.
El alfa se separó queriendo que aquello no pareciera tan íntimo, aunque el toque de ella había erizado el vello de todo su cuerpo. Algo estaba ocurriendo y no era normal, esa humana despertaba algo en él que lo hacía reaccionar de una forma distinta a como lo haría él, comenzando que aún estaba viva delante de ellos dos.
-¿Y cómo te perdiste en nuestros terrenos?- le preguntó White con la voz grave intentando ocultar las sensaciones dentro de él y los latidos de su corazón que si seguía así temía que Sky, su beta, los escuchara.
La niña apretó la boca y parecía algo tímida para hablar. Pronto sacó de debajo de la capa su mano y en ella un puñado de flores blancas con el centro dorado. Unas que solo florecían en tiempo de frío y que sus pétalos brillaban bajo la luz de la luna. Luna Floral, un nombre perfecto, solo que no crecía en los terrenos humanos.
-Estas flores solo crecen en invierno bajo la nieve, en pocos días morirán, pero quería que mamá las viera-sonrió nuevamente, aunque esta vez parecía que lloraba internamente- ella está muy enferma y quería dárselas. Me contó que le encantaría verlas antes de morir.
Los dos lobos se miraron otra vez. La única razón por la que aún seguía viva era porque el alfa lo estaba impidiendo temporalmente, pero romper esa regla podía ser algo muy peligroso. Solo en casos muy excepcionales se les permitía a los humanos salir vivos, no importaba si eran niños.
Y Sky aún esperaba la orden, aunque sabía que su alfa podría desgarrarle el cuello a ella con solo una mordida de uno de sus colmillos. Solo que hasta el momento su alfa parecía demasiado interesado en la cachorra.
-Ya veo- White habló inclinando la cabeza y entrecerrando los ojos- pero sabes que no puedes agarrarlas sin más. No son de tu territorio.
La niña bajó la cabeza con un poco de vergüenza.
-Mi hermana me dijo que si podía- apretó los labios hasta que estos pasaron de azules a blancos- pero después de agarrarlas quería volver rápido y me perdí y no pude volver. Comenzó a nevar… le prometo que volveré antes que alguien más se dé cuenta. Solo déjeme llevárselas a mi mamá. Ella no vivirá mucho tiempo y… quiero…- las lágrimas que comenzaron a correr por su rostro no la dejaron seguir.
White no era un lobo sentimental, ser el alfa de su manada desde una edad temprana le había enseñado que los sentimientos lo volvían vulnerable y él no tendría segunda oportunidad si algo ocurría. El peso de muchas vidas pesaba sobre sus hombros, sin embargo, los grandes ojos azules llenos de lágrimas mostraban una inocencia tal que conmovió su corazón.
-Sky- dijo el nombre del beta en un tono que este reconoció.
-No se preocupe alfa, soy una tumba- y a pesar de todo el lobo no delataría a su alfa ni iría en contra de sus decisiones… después de todo… esta podría ser de esas pocas veces que podrían ser una excepción.
La niña rápidamente se limpió las lágrimas e intentó parecer fuerte, aunque la expresión de su rostro y los temblores por el frío estaban lejos de dar esa imagen. White suspiró, sus músculos estaban igual de cansados por todo el esfuerzo del día y necesitaba descansar.
Se acercó a la niña y se acostó a su lado haciéndose una bola, ella parecía una pequeña cosita a su lado.
-Ven- dijo con voz de autoridad que la hizo gemir ligeramente y sin rechistar se movió y gateó hasta él teniendo cuidado con las flores.
Aquello era todo un espectáculo para Sky que se mordió la lengua. La valoraba mucho como para que esta fuera arrancada por su alfa. Ahora parecía de buen humor… no sabía hasta cuando.