Gianna, se mantuvo en total silencio después de darle al chofer del señor Harrison la dirección del que había sido su hogar hasta ahora, luchaba por mantener las lágrimas que hacían su propia lucha por deslizarse de manera libre por sus mejillas.
—Sé que ahora mismo todo parece estar mal— le dijo él con voz profunda—para ambos, sin embargo todo puede mejorar, le pido que tenga un poco de confianza— ella se giró hacia él y lo miró a través de la cortina de lágrimas, sintiéndose incapaz de reponder a sus palabras y con un enorme nudo en la garganta solo asintió y se volvió a girar para mirar por la ventana. En cuánto llegaron a la dirección indicada, ella suspiró, subió al apartamento, seguida de Alexander y uno de los guardaespaldas, hasta que se encontró frente a la puerta, intentándo luchar con el temblor de sus manos para poder insertar la llave en la cerradura. Alexander, le tomó la temblorosa mano y le miró fijamente a los ojos cristalinos.
—Permitame hacerlo— ella asintió entragandole la llave, Alexander introdujo la llave y pronto la puerta estuvo abierta.
—Adelante, por favor— entró haciéndose a un lado, para que el hombre ingresara, seguido del guardaespaldas.
—Es un hermoso lugar— dijo él barriendo el lugar con la mirada, apreciando la delicada y hermosa decoración, sin lugar a dudas se veía el toque femenino en el ambiente, .
—Gracias— suspiró— no demoraré en hacer mis... maletas, pueden esperar aquí, si gustan algo de tomar en...
—No hace falta, esperaremos por aquí— ella asintió y se dirigió en dirección a la habitación que compartía con Ethan. Con el corazón terminando de romperse con cada paso que daba, aquel había sido su hogar los últimos años, allí se había sentido muy feliz, y ahora sentía tanta pena y tristeza, jamás hubiese esperado una traición así de parte de Ethan... ¿Por qué?, ¿qué había hecho mal?, ¿En qué había fallado?, en todo caso, ella era la traicionada, ¿ por qué debía preguntarse que había hecho mal y en que había fallado?, ¿Por qué tenía que intentar justificar las acciones de Ethan?, no, en el fondo de su corazón sabía que no tenía culpas, pero no podía dejar de indagar, buscar en su cabeza intentándo encontrar algún motivo de aquella bajeza. Cuando abrió la puerta de la habitación, tuvo que cubrir su boca para evitar dejar escapar un sollozo, cerró los ojos un instante, allí en aquella habitación donde tantas veces le había hecho el amor... o ella se había entregado con amor, dudaba que Ethan hubiese sentido afecto, de haber sido así, no la hubiese engañado de aquella manera tan vil, nadie se merece una bajeza como aquella.
Se dirigió al vestidor de donde extrajo dos grandes maletas, no llevaría más que lo que pudiese guardar allí, sin ningún tipo de cuidado comenzó a guardar sus cosas, prendas de vestir, zapatos deportivos, de tacón alto, todo lo que pudiese guardar, observó sobre la peinadora, aquella cajita que contenía el collar de esmeraldas que le había regalado tan solo un mes atrás para celebrar mes de aniversario... traidor, vil traidor. No sabía si debía aceptar la propuesta de aquel hombre, decir que sí cambiaría todo en su vida, perdería su libertad por dos años, y se marcharía lejos... quizás fuese justo lo que necesitaba en aquel preciso momento.
No tenía nada que perder y podría ganar un poco de paz en su periodo de duelo, lo necesitaba, necesitaba tranquilidad para poder recuperarse de aquello.
Alexander, caminó con paso lento por la habitación, observando los cálidos detalles de aquel hogar, se acercó a una repisa que contenía varias fotos enmarcadas, en la cual podía ver el rostro de la señorita Santos en compañía de un jóven... le resultaba bastante conocido, pero no terminaba de recordar de dónde, pero ella se veía feliz, realmente feliz, todo lo opuesto a lo que estaba en aquel preciso instante, no sabía si había sido sencilla casualidad, o un juego del destino que los había unido en aquel día de desgracia, pero la solución a sus males había llegado a él como una especie de revelación, en cuanto ella habia solicitado su ayuda para desaparecer... esperaba que todo resultara bien, sabía que Jane no demoraría en buscarlo e intentar solucionar las cosas, pero no esta vez, en esta ocasión no le había plantado una cita, no había cancelado un viaje a ultimo momento, no había arruinado un fin de semana juntos, no, aquello ya no tendría solución y que magnífico seria disfrutar de una dulce venganza presentandole a una linda sustituta que ocuparía su lugar en su vida.
Poco tiempo después, la mujer apareció con los ojos enrojecidos mientras rodaba una maleta con cada mano, y en su hombro un bolso grande.
—Estoy lista— su voz era temblorosa— no llevaré nada más.
—De acuerdo... ¿Nos vamos?
—Sí, podemos irnos.—El guardaespaldas se dirigió a ella y tomó ambas maletas, se encaminaron a la puerta, ella se giró dando un último vistazo al lugar que había sido su hogar, presionó los ojos con fuerza para evitar llorar y giraándose de nuevo hacia Alexander, arrojó la llave dentro y salió cerrándo la puerta.
Estaban en una area de la ciudad muy limpia y respetable, sin embargo pronto el chofer se alejó para encaminarse a la zona más exclusiva del lugar, lujosos apartamentos se dejaban ver desde la vía, pronto habían llegado, y Alexander la ayudó a salir del vehiculo, ella se mantuvo en silencio.
—Bienvenida—ella asintió en silencio y le siguió, entrando al edificio y luego al escensor hasta el penhouse, era un lugar precioso y espacioso, todo allì gritaba lujo, para ella que habìa crecido en un orfanato, esto resultaba realmente impresionante. Ethan la había llevado a muchos lugares hermosos y llenos de lujos, se había impresionado mucho cuando la llevó a conocer a sus padres en aquella lujosa mansión en la que la hicieron sentir tan inferior y miserable. Volvió a la realidad cuándo una mujer madura llegó hasta ellos con su rostro de expresión seria.
—Muy buenas tardes, bienvenido a casa señor Harrison. Señorita— le saludó y Gianna le regaló una tímida sonrisa.
—Buenas tardes Rosalind, ella es la señorita Gianna Santos y será nuestro huesped. Señorita Santos, ella es Rosalind, le ayudará con cualquier cosa que necesite o desee.
—Mucho gusto—respondió Gianna.
—Oliver— Alexander se giró hacia el guardaespaldas— lleva las maletas de la señorita a la habitacion el fonde, le dará una linda vista de la ciudad. El hombre asintió en silencio y se marchó en dirección a la habitación.
—¿Gustan comer o beber algo?— preguntó Rosalind.
—¿Señorita Santos?
—No—lo miró conteniendo un suspiro— me gustaría tomar un ducha y quizás, descansar un poco.
—Por supuesto— le señaló el camino— permitame la llevaré a su habitación— caminó en silencio junto a él, y cuando llegaban a la habitación, el guardaespalda salia de ella.
—He dejado las cosas en su habitación, señorita.
—Muchas gracias— le regaló una tímida sonria.
—Con permiso—Alexander asintió y el hombre se retiró. Alexander la animó a entrar, y ella agradeció, el lugar era precioso.
—Espero pueda estar usted cómoda, tiene su propio cuarto de baño, un vestidor, esa puerta—le señaló da directamente— da a un cómodo balcón personal, será una vista increíble, sobre todo caida la noche, podrá ver la ciudad.
—Es un lugar precioso—le dijo—sin importar qué, agradezco su hospitalidad.
—Piense bien las cosas, señorita Santos, lo verá tan claro como yo— le aseguró,
—Lo haré, lo prometo— aseguró.
—Bien, le dejaré descansar— y así salió de la habitación y se encaminó a suu popia recamara, sobre la mesa de noche su botella de coñac, se sirvió un trago y bebió todo el contenido, se dispuso a desvestirse y dirigirse a la ducha, una ducha fria era lo que nencesitaba, enfriar su cabeza, intentar tranquilizar los pensamientos que le estaban comiendo la cabeza y lo atormentaban, la imagen de Adara después de haberse acostado con ese hombre, la manera tan estupida en la que intentó justificarse...debía calmarse, todo estaría bien, Adara ahora pasaba a un segundo plano, Regina y su madre eran lo primordial, y sin lugar a dudas la señorita Santos podría ayudarle, además era hermosa, aún debajo de toda esa tristeza lograba vislumbrarse su belleza y una enorme carisma, deseaba que realmente ella aceptara, podría mostrarle a Adara que por mucho que la amara, no se quedaría alli sentado llorando a causa de su traición.
No, manejaría esta situación, tal y como manejaba sus negocios, con cabeza fría, el matrimonio con la señorita Santos era una salida muy digna a su herido orgullo, Adara entendería que no era conveniente lastimar a un hombre enamorado.