Chapter 6 Asquerosos carozos

Chapter 6 Asquerosos carozos

Por Florencia

Me di cuenta que no le avisé a Karla, después le voy a mandar un mensaje, pensé.

Ellos llegan a un estacionamiento y se encuentran con otro de sus amigos.

Escucho que Walter le recrimina a Nazareno porque también se emborrachó y le pide a otro chico que lo lleve hasta la casa, que él iba a llevar a Alejo.

Nazareno se va con Cristian y Walter, como puede, sube a Alejo al asiento del acompañante.

Cuando pega la vuelta, y antes de subirse a la camioneta, le suena el teléfono.

Yo estaba escondida detrás de una columna y de verdad debo ser invisible para todos, porque nadie me impidió entrar al garaje ni prestaban atención, como yo, descaradamente, los espiaba.

Escucho que pregunta en qué sala estaba internado su abuelo y aseguraba que ya salía para allá.

-El abuelo va a aguantar.

Me pareció que hasta le temblaba la voz y no me equivoqué, porque hasta sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Me acerqué en ese momento.

-Hola, justo pasaba y escuché tu conversación, sin querer, si querés yo llevo a Alejo.

Walter me mira de arriba a abajo.

Estaba estudiando mis palabras.

Lo conozco desde siempre y él no sabía quién era yo.

Así somos la clase baja para estos ricachones.

No era momento de decirle lo imbéciles que son.

-Vivo en la misma cuadra que Alejo, soy Florencia.

Me miró como si hablase en otro idioma.

-¿Cuántos años tenés? ¿Sabés manejar?

-Tengo 16 años, pero sé manejar, aunque no tengo registro, mi papá es un machista de mierda.

Le expliqué.

Sonrió por primera vez.

-Te llamo cuando lleguemos.

Estaba dudando, pero el teléfono le vuelve sonar y le dicen que se apure.

-Te juro que no tomé nada.

-Ok, llamame.

-Dame tu número.

Me lo da, dudando.

-Tranquilo, no te voy a acosar, después de hoy me podés bloquear, no me voy a ofender.

Se ríe.

-Llamame, te debo una.

Pensé que la que le debía era yo, pero no lo dije.

-Suerte con tu abuelo, que se mejore.

-Dios te oiga…sólo espero llegar a tiempo.

Me dice con sus ojos llenos de lágrimas.

Me subo a la camioneta y la saqué torpemente.

Evité mirar a Walter, que se debe haber quedado preocupado.

Manejé con cuidado.

Alejo estaba casi desmayado.

Sólo cuando subí, murmuró algo, pero no se le entendía, por lo borracho que estaba.

Mis nervios eran muchos, nunca había manejado una camioneta, varias veces sonó feo el embrague o la caja de cambio, no estoy segura.

No estábamos lejos, por suerte, y no había demasiado tráfico, es más, las calles a esa hora estaban casi desiertas.

Agarré por calles internas, no se me ocurrió ir por avenidas, es que los sábados a la noche suele haber controles policiales, pero siempre se ponían en las mismas esquinas, por lo que era fácil esquivarlos.

No servía de mucho para controlar, si todos sabían en dónde estaban y si yo, que apenas salgo por la noche, sé cómo se maneja la policía, el que quería evitarlos, lo haría sin ningún problema.

Siempre pensé que eran ineficaces, pero hoy me sirvió su inoperancia.

Presto atención a todo y lo hago desde siempre.

Karla me dice que soy muy madura.

Pienso en mi amiga y recuerdo que le tengo que avisar que me había ido.

Estacioné en la puerta de la casa de Alejo.

Mis manos temblaban, no estaba acostumbrada a manejar un trecho tan largo.

Podría haber chocado y me hubiera ganado el desprecio de Alejo y de su amigo.

Apagué el motor, no hacía ruido, miré si realmente se había apagado, porque no había diferencia.

Fue cuando miré la marca de la camioneta.

¡Era importada!

Jamás pensé que llegaría a manejar un monstruo así.

Tal vez, algún día, cuándo sea profesional y viva de mi carrera, me pueda comprar una camioneta así, descarté esa idea.

Esa camioneta sólo la tenían los millonarios.

Alejo seguía durmiendo, estaba casi inconsciente.

Lo tendría que despertar y ayudarlo a bajar.

Por primera vez lo voy a tocar.

Mis manos transpiraban.

Llamé a Karla.

No me atendió.

Le mandé un mensaje, no de voz, si seguía en la discoteca, no iba a escuchar nada.

Aparte, si justo se despertaba Alejo iba a escuchar lo que le decía a mi amiga.

-Estoy llegando a casa, después te cuento bien, seguí a Alejo y como estaba borracho, me ofrecí a traerlo en su camioneta, no me llames, mañana hablamos.

Le mandé un emoticón, donde le guiñaba un ojo.

Recordé avisarle a Walter.

-Llegamos a salvo, espero que tu abuelo esté bien.

El mensaje le llegó, pero me clavó el visto, sin contestarme, supongo que no tenía porqué hacerlo y que me iba a bloquear.

Él no tenía porqué tener mi número de teléfono.

Mi intención no era volver a llamarlo jamás.

Tampoco me preocupa eso de pertenecer o no al círculo de la elite.

Tenía amigas, un poco más grandes que yo, que se morían por ser amigas de ese grupo de chicos, los millonarios de la ciudad.

Yo solo moría por estar en los brazos de Alejo, no porque él fuese millonario, es más, no se bien a que se dedica su familia, se nota su nivel económico porque todos manejaban autos carísimos y por que su casa parecía un palacio.

Yo sólo ansiaba probar su boca.

Fue cuando lo miré y se me ocurrió la idea de besarlo.

Era mi gran oportunidad, total él estaba prácticamente desmayado.

Pensé que era una gran idea, sin darme cuenta que eso marcaría toda mi vida.

Él es mi Dios.

Es tan alto como la luna y tan inalcanzable como el sol.

Él era toda mi fantasía.

Le miré la boca y me lamí mis labios.

-Alejo.

Le digo suavemente.

-Ale…

Repetí.

Nada, él no se dio cuenta ni que le hablaba.

Los latidos de mi corazón se escuchaban en el silencio de la noche.

No estaba segura de que hora era, miré mi celular y vi que eran las cuatro de la madrugada.

Lo iba a besar, total, a esa hora nadie nos iba a interrumpir.

-Ale…

Dije casi como un gemido y acerqué mis labios a su boca, dándole un suave beso en sus labios.

-Amor.

Le dije y volví a besarlo, con un poco más de presión.

¡Era el amor de mi vida y lo estaba besando!

Nunca había besado a un chico, es que siempre estuve enamorada de él y tal vez siempre esperé que Alejo fuera quién me besara por primera vez.

Era tan grande el amor que sentía por él que lo hubiese esperado toda mi vida.

Creo que me entusiasmé, porque no podía dejar de besarlo.

Es el hombre de mi vida.

No sé en qué momento terminé sobre él, abrazándolo mientras lo besaba.

Mi fantasía se estaba haciendo realidad, sin darme cuenta que era yo quién lo besaba, hasta que sentí que él ¡él! me estaba devolviendo los besos.

De repente sentí su lengua dentro de mi boca.

Estaba aturdida y emocionada.

Temblaba como una hoja.

Sus manos fueron a mi cola.

Me estaba tocando…y me gustó…

No iba a desperdiciar la oportunidad de seguir besándolo.

Mi intención era seguir en sus brazos, estaba excitada con sus besos y decidí ser suya, si él me lo pedía.

Sentía su miembro rozando mi zona íntima, estaba caliente y duro, mi pollera la tenía arriba de la cadera y él cada tanto me daba chirlos en la cola, luego la acariciaba.

Sus caderas se movían y me llevaban al cielo.

Un fuego inmenso se apoderó de mí y lo besé con ímpetu.

Estaba desesperada por su boca y sus manos me hacían vibrar.

De pronto él me empuja hacía el asiento del conductor y queda sobre mí.

-Amor…

Gime sobre mi boca.

Adivino que se está desabrochando los pantalones, fue así, porque al instante me corrió la tanguita y sentí su miembro erguido y caliente enterrarse en mí.

Me dolió bastante, pero me ganaba la excitación.

Alejo gemía sobre mi boca.

Estaba volando por el cielo…hasta que escuché lo que decía.

-Marina, amor, sí…te amo.

Me quedé quieta.

¿Estaba pensando que estaba con ella?

-Marina…nos vamos a casar.

Caí desde el cielo y sin paracaídas.

Él seguía borracho.

-Te amo Marina, dame tus tetas.

Dijo mientras me levantaba la remera y me besaba el pecho.

-Tus tetas…¿Qué pasó?

Recordé el tamaño del pecho de esa mujer, esa noche se lo había visto en todo su esplendor.

-¿Quién mierda sos?

Me pregunta sin abrir los ojos.

-Tenés carozos, no tetas.

Dijo mientras me restregaba con asco las tetas.

-¿Dónde está Marina? ¿Qué le hiciste?

A está altura, mis lágrimas bañaban mi rostro.

-Ahhh…

Gime de repente, como voz ronca.

Siento que se sacude y está agitado.

-Marinaaaa.

Vuelve a tocarme el pecho.

-Ni se te paran los pezones…quiero las tetas de Marina.

Creo que tuvo un orgasmo o acabó, no sé si es lo mismo, pero se derramó dentro mío.

De repente se sienta en la camioneta.

-Me mentiste, no sos Marina, no tenés sus tetas maravillosas, ni su boca deliciosa.

Yo estoy quieta como una piedra.

No es el hombre que yo creía, me acusa a mí…

-Sos nada a su lado, no le llegás ni a los talones, andate, solo quiero las tetas de mi mujer, no tus asquerosos carozos, bajate de mi camioneta, andate.

Me bajé de la camioneta.

Él se tapaba la cara con sus manos, mientras lloraba nombrándola a ella, a la infeliz que le metió los cuernos.

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