—Buenas noches, Clive —digo mientras Nick me hace pasar por delante de su puesto a toda velocidad y me mete en el ascensor del ático—. ¿Tienes prisa?
—Sí —me contesta con decisión mientras introduce el código. Las puertas del ascensor se cierran y me empuja con suavidad contra la pared de espejos.
—¡Me debes un polvo de disculpa! —ruge, y me ataca la boca.
¿Qué diablos es un polvo de disculpa y por qué le debo uno? Puedo hacer una lista tan larga como mi brazo de todas las disculpas que me debe él a mí. No se me ocurre nada por lo que deba disculparme yo.
—¿Qué es un...