—¿De verdad?
—Sí. Lo siento.
—¿Quieres que te toque?
—Sí.
Se vuelve hacia mí de prisa, me empuja contra la pared de espejos y me cubre por completo con su cuerpo. Me siento mejor al instante. No ha sido tan difícil.
—Empiezas a entenderlo, ¿verdad? —Sus labios están a punto de rozar los míos y sus caderas me presionan la parte baja del vientre.
—Lo entiendo —jadeo.
Me toma la boca, encuentro sus hombros con las manos y le clavo las uñas en los músculos. Sí, esto está mucho mejor. Doy con su lengua y me fundo en él por completo.
—¿Contenta? —pregunta cuando pone fin a nuestro beso.
—Sí....