Me besa con dulzura, se me cierran los párpados y mi respiración se vuelve irregular.
—Si quiero atarte a esa cruz, lo haré. —Lleva una mano a mi espalda y hace descender la
cremallera del vestido. Me lo baja y se agacha para que pueda terminar de quitármelo. En su
ascenso, me besa todo el cuerpo. Toma mi mano y besa mi anillo de boda—. Eres mía, así que haré
contigo lo que me plazca.
Sigo con los ojos cerrados y la cabeza gacha. Mi respiración es leve y superficial, y mis oídos
están saturados de las notas lentas y sensuales de la música. La piel me arde. Que me...